Abrieron violentamente, y metiendo por ella á Blanca volvieron á cerrarla despues.

El inquisidor y el escribano como si nada estuviera pasando allí, seguian tratando de otros negocios.

II.
Cuestion de Tormento.

POR un corredor sombrío y angosto fué conducida Sor Blanca por seis carceleros, hasta llegar á un aposento grande y cuadrado, que tenia de la bóveda suspendidos algunos mecheros que derramaban una rojiza é incierta claridad sobre las negras paredes sobre la estraña multitud de estraños objetos que habia allí, hacinados por todas partes, y sobre la figura sombría de dos hombres que estaban sentados silenciosamente en un banco. No seria posible describir con exactitud aquel antro de la crueldad humana.

Una atmósfera pesada, fria y húmeda se respiraba en aquella especie de caja formada de rocas, y de donde el mas agudo gemido de una víctima no podria ser escuchado.

Por todo el aposento se veian instrumentos horribles de tortura; ruedas, garruchas, sogas, tenazas, braseros, pero todo tan amenazador, tan sombrío, que se presentiria para todo lo que aquello servia aunque no se supiera.

Doña Blanca fué introducida al cuarto del tormento por sus guardas que la sentaron en un banco.

Los otros dos hombres que allí habia, no se movieron siquiera.

Así trascurrió una media hora, hasta que en el pasillo que conducia á la sala de Audiencia se oyeron pasos.

Los familiares se pusieron de pié y entraron á la sala del tormento el inquisidor y el escribano que llevaban consigo su respectivo tintero y la causa de Doña Blanca.