—¿Pues en dónde, si ha resultado que es un hombre?

—¡Ave María Santísima!—dijo Don Melchor levantándose, y luego pensó—¿es un hombre? El demonio anda en esto.

—Sentaos, sentaos, razon teneis para semejante espanto; pero yo creía que ya lo sabriais todo.

—Nada absolutamente, nada.

—El señor secretario os lo referirá, que aunque yo oí la relacion por curiosa, me place volver á escucharla, y si quereis luego iremos á la cárcel á ver á vuestra esposa.........

Y al decir esto el licenciado Vergara reía con todas sus ganas, y Don Melchor comenzaba á sentirse amostazado.

El secretario tosió, se acomodó bien en su sitial y comenzó á contar al asombrado Don Melchor cuanto sabia de la historia del negrito que se decia esposa del Correjidor de México, y Alcalde mayor de la provincia de Metepec.

Crecia el espanto de Don Melchor al par que la risa de Don Pedro y del secretario, y lo que para ellos era solo una locura graciosa, para el Correjidor era una cosa misteriosa é incomprensible, que coincidia con la desaparicion de Luisa.

El secretario terminó su relacion y Don Melchor quedó pensativo.

—¿Qué os parece?—preguntó el licenciado Vergara.