—Tiene razon V. E.
—Pues vamos.
Y los dos se dirijieron á la inquisicion, y el calabozo volvió á cerrarse á pesar de los gritos de Luisa que se oian en toda la prision.
VI.
De cómo Tirios y Troyanos, iban todos á parar á la Inquisicion.
DOÑA Blanca volvió de su desmayo, y se sentó espantada sobre la mesa.
Casi no recordaba nada de lo que le habia pasado, miró á su alrededor, y sintió lleno de dolores su cuerpo, bajó los ojos y advirtió su desnudez. La memoria le volvió tambien y dió un grito, y buscó algo para cubrirse porque á pocos pasos estaban sus verdugos contemplándola.
—Ha vuelto en sí—dijo uno de los carceleros.
El inquisidor y el escribano se dirijieron á ella: Blanca los miraba espantada.
—Recuerde lo que ha sufrido por su obstinacion en no confesar—dijo el escribano, y piense que la misericordia de Dios y la bondad del Santo Tribunal de la fé son tan grandes que tiempo la dan aún de arrepentirse, y de confesar sus culpas antes de verla padecer mas de lo padecido.
Doña Blanca callaba.