Con gran trabajo la pobre jóven logró vestirse, sus piés y sus manos estaban terriblemente hinchados, sus labios hechos pedazos, y podia apenas hablar por la fractura de sus dientes. Como no podia dar un paso, dos carceleros la levantaron entre sus brazos, y la fueron á dejar á su calabozo, en donde teniendo en consideracion que era ya confesa, la pusieron una cama de paja, una luz y algunos alimentos.

Despues que confesaban los reos, fuera voluntariamente, ó fuera por razon del tormento, comenzaba á tenérseles mas consideraciones, cualquiera que fuese el resultado que debia tener la causa.

Cuando el inquisidor mayor Don Juan Gutierrez Flores volvió á sentarse bajo el dosel de la sala de Audiencia, uno de los ministros del Santo Oficio, le anunció que solicitaban hablarle en lo reservado el Exmo. Señor licenciado Don Pedro de Vergara Gaviria, y el Corregidor Don Melchor Perez de Varais.

El inquisidor mayor hizo salir al escribano, y quedando enteramente solo recibió á aquellos dos señores.

—El asunto que aquí nos trae—dijo el licenciado Vergara, despues de los saludos de costumbre—es, si no grave para los asuntos temporales de estos reinos de Su Majestad, sí muy importante para la causa de la Fé, cuya defensa ha sido encomendada á ese tan sagrado tribunal.

—Perplejo estoy—contestó el inquisidor porque muy grave debe ser ese negocio, que á V. E. obliga á venir hasta acá, en compañía de mi señor Corregidor.

—Escuche su señoría, que el lance por lo estraño, es muy digno de ser conocido. Es el caso que siendo casado Don Melchor Perez de Varais, con una jóven de estimables dotes, desapareció una mañana de su casa sin que Don Melchor hubiera podido saber á que atribuir aquella desaparicion. Dos dias despues la ronda encuentra en las calles, una negrilla con un traje de caballero, que fué al principio tenida por hombre, y que decia ser la esposa misma de Don Melchor; él y yo hemos ido al calabozo en que está la negrilla, y aunque por la figura corporal no hemos podido reconocerla, por tal esposa de Don Melchor, sin embargo, díjonos cosas tales de secretos, que solo la dicha señora podia saber, que causando grande confusion en nuestro ánimo, hemos convenido de concierto, en veniros á consultar por vuestro conocimiento y práctica, en estos negocios sobrenaturales, sí creeis que por permision divina, puede el demonio apoderarse de los secretos de una alma cristiana para entregarlos á alguno de sus secuaces, ó si por algún hechizo ó encantamiento provenido de malas artes, puede ser trasformado, de tal manera el cuerpo de alguna criatura, que desconocido sea aun de los mas íntimos amigos, y de las personas de mas trato y familiaridad.

—Graves cuestiones son esas que me habeis propuesto, y aunque no se ha tratado ese caso espresamente por los autores, sin embargo quieroos decir mi opinion á reserva de estudiar el punto mas detenidamente. En primer lugar preguntáisme, que si el demonio pudiera dar á alguno de sus secuaces conocimiento de secretos que parecieran enteramente ocultos. Debo deciros que conforme á las mas sabias doctrinas recibidas en este Santo Tribunal, el demonio puede comunicar gran copia de secretos, y gran vigor á las potencias intelectuales del hombre; así, pues, nos lo ha enseñado recientemente el eminente Don Francisco de Torreblanca en su célebre tratado de mágia, y tenemos las pruebas en Roman Ramirez condenado á la hoguera en Toledo, en el año del Señor de 1600, que conocia todos los secretos de la medicina por artes diabólicas; y que el demonio puede enseñar artes y ciencias no solo por internas sujeciones, sino apareciendo en forma visible y hablando con los hombres, lo enseña el divino maestro Santo Tomás en la cuestion 96 artículo 1º; y el demonio puede sin duda alguna volver mas sutíl y mas perfectas las operaciones del ingenio y del juicio: lo enseña el sabio Rafael de la Torre en su tratado de vicios contrarios á la religion. Plinio asegura que Mitridates sabia veinte idiomas, y que Cesar dictaba cuatro cartas á un mismo tiempo; de la misma manera que los demonios pueden destruir ó quitar las facultades intelectuales, como aconteció á Mesala Corvino, orador que perdió repentinamente hasta la memoria de su mismo nombre, segun dice el mismo Plinio y el gran Damaceno; de manera que en verdad os digo, Excmo. Sr., que no veria yo grave inconveniente en que el demonio hubiera comunicado á esa negrilla conocimientos tales, que pudiera saber cosas que para vosotros fueran enteramente ocultas.

—Pero dígame su señoría—dijo Don Melchor—¿posible habrá sido que por artes del demonio, se haya mudado el aspecto de mi esposa, hasta quedar completamente desconocida?

—Ciertamente que no solo tornar á una muger de blanca en negra, seria cosa fácil para el malo, sino que aun tornarla en bestia y cambiarla el sexo pudiera hacerlo muy facilmente.