—Pintura muy negra debe ser y muy firme, porque supongo que no os ha caido en estos momentos.
—No señor, aunque sí hace pocos dias, dos ó tres despues del tumulto.
—Es estraño—pensó el licenciado Gaviria comenzando á sospechar, y luego queriendo inquirir mas, dijo distraidamente—¿y que pintábais?
—Um—contestó como sorprendido Mejía—una mesa, una mesa..........
Vergara acostumbrado á tratar á los criminales y á formar procesos desde su juventud, adivinó una historia en la turbacion de Mejía que venia á ayudar sus sospechas, y variando repentinamente de tema de conversacion, y como si estuviera no despidiéndose Mejía, sino departiendo con él en su aposento y con la mayor tranquilidad, le preguntó:
—¿Y no habeis sabido vos, Don Pedro, lo que aconteció á Luisa la muger de Don Melchor Perez de Varais?
Mejía se puso encendido, cruzó por su cerebro la idea de que el licenciado Vergara lo sabia todo, y se turbó completamente.
—No señor, no,—balbutió—y luego agregó queriendo cortar la conversación—si V. E. no manda algo, me retiro, que tengo muy grandes ocupaciones.
—No señor Don Pedro, puede V. S. retirarse.
Mejía se retiró, y el licenciado Vergara se quedó pensando: