—O mi larga práctica forense ha sido inútil, ó cómo haber Dios que he dado con el hilo en el negocio de la muger de Don Melchor, y éste Don Pedro no está en todo de lo mas inocente; lástima que se haya ido ya Don Melchor, él podria saber qué motivos haya ¿seria una venganza?......... ¿por qué? quizá por sus trabajos en contra del marqués, que este Don Pedro era muy su amigo: verémos, verémos, si no puede ser hoy, mañana iré á ver al inquisidor Don Juan Gutierrez Flores que conoce de este negocio.

El licenciado Vergara se habia engolfado tanto en sus pensamientos, que ni contestaba las ceremoniosas carabanas que le hacian los que se iban retirando, y siguiera así á no haberle llamado la atencion el doctor Galdos de Valencia que estaba cerca tocándole en la mano.

—Muy distraido está V. E.—dijo el doctor.

—Sí que lo estaba—contestó el licenciado, pero ya os hablaré de esto en que pensaba, que es un curioso caso de derecho.

—¿De qué se trata?

—Aun no es tiempo de que os lo refiera; mas adelante, mas adelante.

La sala estaba completamente despejada, y los oidores se encerraron para acordar entre sí......

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Entre tanto, habia comenzado en el Santo Oficio el juicio de Don Cesar de Villaclara.