—La misma Sor Blanca.
—Ella ¡ah! no la conoceis, tan pura, tan cándida, incapaz de hacer mal á nadie, si ella ha caido en esta profunda desgracia, nadie sino yo tiene la culpa, nadie sino yo merezco el castigo.
—Y sin embargo, jóven—dijo bondadosamente el inquisidor, vuestra misma exaltacion, y vuestro ardor prueban que nada tiene de natural vuestra pasion; y cosa es mas segura para quien tiene antecedentes contrarios á lo que decis.
—¿Contrarios señor, y por qué?
—Sí, porque Sor Blanca ha confesado tener pacto esplicito con el demonio.
—¡Jesus!—esclamó espantado Don Cesar, ¿ella pacto con el demonio? ¿ella tan buena? ¡imposible! no lo creais.
—Mirad vuestra obstinacion: Sor Blanca lo ha confesado todo en el tormento.
—¡Oh! ¿la habéis atormentado?—dijo Don Cesar como fuera de sí, al considerar que Blanca habia sido atormentada por los inquisidores—¿la habeis atormentado? sois unos tigres, unos infames, y así es preciso, habrá dicho cuanto vos hallais querido, infames.........
El inquisidor y el escribano estaban solos con Don Cesar, y aunque ellos eran dos y el reo tenia esposas de fierro en las manos, sin embargo, el lance les comenzó á parercer comprometido, porque Don Cesar estaba como un furioso.
El inquisidor agitó la campanilla violentamente, y los carceleros se presentaron.