Llamaron á la puerta suavemente, y luego un portero se presentó anunciando, que su Excelencia el señor Licenciado Don Pedro de Vergara Gaviria deseaba hablar con el señor inquisidor general.

—Que pase Su Excelencia—dijo el inquisidor.

—¿Me retiro?—preguntó el escribano.

—Nó, que ser debe algun negocio de los que median entre la Audiencia y el marqués de Gelves, que no pueden tener el carácter de secretos.

Don Pedro de Vergara entró y el inquisidor le hizo sentar á su lado.

—Si el negocio de que quiere V. E. que hablemos, es secreto, puede retirarse el señor escribano—dijo el inquisidor.

—Nó—contestó Don Pedro—que de autos debe constar el asunto que traigo, y que sin duda va á pareceros muy estraño.

—Dígame V. E.

—¿Recuerda su señoría, la negrita de que venimos á hablarle Don Melchor Perez de Varais y yo, y que fué remetida por mí á este Santo Tribunal?

—La tengo tan presente que en este momento acabo de recibir su declaracion.