—Dice haberlo visto todo—dijo el licenciado Vergara.

—Imposible, si estaba privada—contestó imprudentemente Mejía.

—Señor Don Pedro—dijo el licenciado Vergara, en vano negais; vuestra conciencia os denuncia, vuestro delito os vende.

—Yo aseguro á V. E..................

—Estais preso de órden del Santo Oficio—dijo con severidad el inquisidor.

Don Pedro dejó caer el sombrero que tenia en las manos, y se cubrió la cara.

El inquisidor sonó la campanilla y se presentó el portero.

—Don Pedro de Mejía queda preso de órden del Santo Oficio, entregadle en las cárceles—dijo el inquisidor.

El portero hizo seña á Don Pedro que le siguiera, y él completamente anonadado le siguió, sin recojer siquiera su sombrero y como maquinalmente.

—Tenia razon Su Excelencia—dijo el inquisidor, esa muger ha sido víctima de una venganza.