—Supongo que saldrá en libertad.
—Tiene algunos pecadillos, pero corresponde su castigo al brazo secular; mande por ella V. E. esta noche á una ronda, yo la entregaré y V. E. dispondrá de ella.
—Muy bien.
El licenciado se retiró radiante de placer, salvaba á una amiga y perdia á un enemigo.
El inquisidor decia sentenciosamente al escribano:
—Son inescrutables los designios de la Providencia.
XI.
En que se sabe cosa que es increible, pero muy verdadera.
LUISA fué sacada de la sala del tormento en el momento en que esperaba que iba á comenzar su martirio, y conducida ante el inquisidor, oyó con verdadera sorpresa que aquella misma noche saldria de la inquisicion.
Haberse salvado así milagrosamente del tormento, y luego recibir la noticia de que esa noche saldria libre, eran para Luisa mas de lo que podia esperar; de manera que volvió á su calabozo verdaderamente feliz.
Al llegar allí encontró á Sor Blanca que habia vuelto en sí, y que sentada en su lecho esperaba que álguien llegara por su calabozo para pedir agua.