Continuó el trabajo con mas actividad y media hora despues ya Sérvia y María habian bajado por allí al calabozo de Don Cesar.

Se habia hecho todo procurando el mayor silencio.

—Ahora sí vámonos—dijo Teodoro—yo guiaré.

Teodoro entró por delante en la atargea que salia para la calle y todos le siguieron.

Aquella atargea era un conducto subterraneo, por donde apenas podia comunicarse un hombre casi arrastrándose: estaba húmeda y fria, y en algunas partes se habian formado depósitos de arena y agua corrompida.

Al salir de allí estaba la acequia que pasaba por la espalda de la inquisicion y era adonde salia á desaguar aquella atargea.

Era preciso atravesar aquella acequia con el agua mas arriba de la cintura.

Teodoro salió el primero, y tomó á María que le seguia inmediatamente sobre sus espaldas, luego Martin que hizo lo mismo con Sérvia, y en seguida apareció Don Cesar.

La noche estaba tan oscura que estando todos tan inmediatos apenas se distinguian unos á los otros.

Atravesaron la acequia y salieron del otro lado, entonces sin hablar Martin echó á caminar por delante y los demás en su seguimiento; y por calles solitarias y estraviadas lograron salir hasta fuera de la traza á un gran edificio que tenia el aspecto de una vieja casa de campo.