Allí estaba ya todo dispuesto, habia caballos ensillados, y hombres á propósito para esa clase de caminatas.
Desde que el marqués de Gelves, habia dejado el gobierno de la Nueva España, los ladrones, habian vuelto á sus antiguas costumbres, y habia cesado la seguridad en las ciudades y en los caminos, y toda la clase de gente perdida estaba contentísima y se cantaba por todas partes una cancion que comenzaba:
Vivimos en nuestra ley,
Que ya se acabó el virey.
A Martin indudablemente no le podian faltar auxiliares de esta clase, y á ellos debia ocurrir en semejante lance.
Los fugitivos comenzaron á disponer y arreglar sus planes.
Martin determinó tomar el camino de Acapulco, llevando en su compañía á Don Cesar.
Y Teodoro prefirió ocultar á Sérvia dentro de la ciudad, y permanecer él en ella como si nada hubiera acontecido.
Todo esto se determinó en un momento, y poco tiempo despues, salian de la casa todos, Martin, María, y Don Cesar á caballo para comenzar la peregrinacion, y Teodoro y su muger á pié para buscar un refugio en donde ocultar á esta última.
Serian las tres de la mañana y era seguro que la evasion no se advertiria en las cárceles del Santo Oficio hasta las siete, que era la hora en que se acostumbraba entrar á los calabozos para llevar á los presos el alimento y agua para todo el dia, y hacer el registro de costumbre.
Los fugitivos contaban con cuatro horas cuando menos de tranquilidad, y en cuatro horas se puede hacer mucho.........