—No lo dudeis, que así será como me lo han referido, que de persona muy veraz tengo la noticia y me he apresurado á traerosla, por lo que pudiera importar.

—¿Pero en qué parte de la prision se intenta esa fuga? ¿por quiénes? ¿qué pormenores teneis de eso?

—Nada mas os puedo decir, que otra cosa no sé—dijo Santiago, no atreviéndose á dar mayores datos contra sus amigos.

—Entonces, ¿qué os parece que hagamos?

—Pues creo, que debia comenzarse por pasar ahora mismo una visita á todos los calabozos.

—Seria alborotar la prision, y si no hay nada.........

—¿Y si por desgracia hubiere, y vos por negligencia fuerais culpable?

—Os sobra razon—acompañadme, y vamos á practicar la visita.

El hermano comisario de guardia y Santiago tomaron dos faroles, y avisando á los carceleros comenzaron á esa hora un escrupuloso registro general en todos los calabozos.

Todos los reos despertaban espantados: allí donde se temia la muerte y el tormento á cada instante, un rumor á media noche, una visita inesperada de los carceleros y del comisario, eran para estremecer á cualquiera.