Resistió por mucho tiempo la puerta, pero al fin cedió abriéndose con extraordinaria violencia.
Los familiares penetraron y reconocieron el calabozo.
—¡Vacio! dijo uno.
—¡Vacio! contestaron todos.
El comisario se puso á examinar el agugero que habia en el suelo.
—Por aquí fué la fuga—esclamó; y luego mirando horadado el techo: ¡y los de arriba tambien, esto es muy sospechoso!
Santiago no podia ni respirar del miedo.
XIV.
Dios lo ha dispuesto.—Concluye.
COMO nuestros lectores estarán impacientes por saber lo que habia acontecido á Luisa, y nos hemos adelantado un dia por seguir á Teodoro y á Martin, vamos á volverlos á llevar á la inquisicion.
El estraño cortejo se colocó en derredor del sillon, y sin interrumpir su rezo.