—Con ayuda de un amigo, que tambien tenia allí presa á su muger.

—¿Y os han visto?

—No señor, la calle estaba oscura, y aunque las dos rondas venian á encontrarnos en medio, Dios me inspiró la idea de asaltar este balcon, y ya lo veis, nos hemos salvado.

—Es necesario cerciorarse de que nada observó la justicia, asómate, y yo ocultaré la luz para que no te vayan á descubrir.

Abalabide ocultó la luz detrás de la carpeta que cubria la mesa, y Teodoro con gran precaucion y casi arrastrándose se asomó á la calle.

Las dos rondas se habian encontrado y habian retrocedido juntas, apenas se distinguia á lo lejos la luz de los farolillos.

—Estamos salvados—dijo Teodoro, se han ido.

—Bien, ¿y qué pensais hacer ahora?

—Volvernos—dijo Teodoro por donde hemos venido, que necesito al menos por algunos dias, tener oculta á mi muger, mientras, se calma la persecucion.

—¿Pero á dónde vas á ocultarla?