—Yo no sé, pero buscaré adonde.
—Mira hijo, lo mejor será que la dejes aquí unos dias, esta casa es grande y no puede ser sospechosa.
—¿Es vuestra señor?
—Como si lo fuera es de un caballero amigo mio que se llama Don Cárlos de Arellano.
—¡Don Cárlos! el amante de Luisa; el que denunció la conspiracion...........................
Llamaron á la puerta y Teodoro calló repentinamente.
—Ocultaos allí en ese aposento—dijo en voz baja Don José, pero pronto..........
Teodoro y Sérvia obedecieron sin replicar.
Habian vuelto á llamar á la puerta.
—Pasen—dijo Don José, procurando dar á su rostro un aire indiferente.