—¡Jesús! dijo Don José.
—Y hay mas aún.
—¿Qué? decidme que estoy espantado.
—Descubierto todo, el inquisidor llamó al licenciado Vergara, le refirió el hecho y dispuso, que vuelva Sor Blanca á la inquisicion, para que sufra tambien la muerte á que estaba sentenciada.
—¡Pobre muger! pero eso ya es demasiado y Don Pedro ¿qué dice?
—Aquí en confianza, Don Pedro tiene un negro corazon, y ni se afecta con la muerte de Luisa, ni se apura por la suerte que aguarda á su pobre hermana.
—¿Pero ese hombre es un tigre?
—Creo que sí ¡pobre Blanca!
—¡Pudiéramos salvarla!
—Ojalá.