—Decidme está ya en la inquisicion.
—No, pero hoy antes que salga la luz la conduciran para allá.
—Quizá haya esperanza de hacer algo por ella.
—Como á estas horas no tenemos de quien valernos y el negocio es muy peligroso.
—¿Quién podrá ayudarnos, quién?
—Yo—dijo Teodoro presentándose.
Don Cárlos retrocedió, llevando la mano al puño de su espada.
—¿Quién es este hombre? ¿Qué quiere aquí?—dijo.
—Calmaos—contestó Don José: es casi mi hijo y á vos esplicaré despues, por ahora decidle lo que pensais respecto á Blanca, y él os comprenderá y os ayudará, yo le fio.
—Bien está—dijo sosegándose Don Cárlos—has oido ya de lo que se trata.