—Soy el negro Teodoro, y solo quiero servir á su señoría en lo que me mande.

—¡Teodoro! ¿qué haces aquí?

—Seguir á usía.

—¿Seguirme? ¿y para qué?

—La señora mi ama sabia que esta noche querian la muerte de usía.

Don Fernando se puso pensativo.

—¿Ella te ha mandado?

—No, yo le pedí licencia para acompañar á usía en esta noche.

El Oidor volvió á callar por un rato.

—¿Este hombre está muerto?