—Señora, señora, está durmiendo creo.

—Pues muévela que se despierte.

—Señora, nada, creo que viene enferma.

—Sube al carro y descúbrele la cara.

El hombre subió al carro y descubrió el rostro pálido y desfigurado de Blanca.

—Es una enferma—dijo.

—¿Pues qué hacemos?

—La hubiéramos visto allá, allá la dejamos.

—Pero ahora ya no es posible.

—Entonces si viene con su señoría, de su familia debe ser; la bajaremos y la acostamos en una cama en la misma habitacion, que las órdenes de Su Excelencia son que se le guarden á él y á los que le acompañan toda clase de miramientos.