—Terrible calentura tiene esta pobre muger; ¿será un tabardillo? mal estoy entonces aquí, pudiera contagiarme.

Y se retiró precipitadamente.

Blanca comenzó á disvariar, y entre frases cortadas á pronunciar los nombres de Don Cesar, de Teodoro, de Luisa y de Don Melchor.

Éste al principio paró poco la atencion en lo que la jóven hablaba.

—Malo—dijo—disvaria.

Pero Blanca pronunció el nombre de Luisa y el de Don Melchor, y la cosa le pareció á él digna de atencion.

—Calle—dijo—parece que la presa me conoce bien y á Luisa, ¿pues quién será?

A pesar de su miedo volvió á acercarse, y á examinar su rostro, pero en vano, tanto habia variado la pobre Sor Blanca á quién el conoció en el convento de Santa Teresa, que le hubiera sido imposible recordarla.

—Teodoro—decia Blanca—Teodoro......... nos alcanzan..... hay vienen......... muy cerca......... La pobre negrita me deja salir en su lugar.................................................

¡Qué cosa tan horrible es el tormento, cómo tengo los brazos......... mirad!