—Yo soy Don Melchor Perez de Varais.
—Mi protector, ¡ah sí! me acuerdo, ¿dónde está Doña Luisa mi protectora? ¿A dónde está?
Los batientes de la puerta sonaron, Don Melchor volvió el rostro, y vió entrar á varios enmascarados que depositaron sobre una mesa todo lo que podia necesitar para hacer una buena comida.
Se retiraron despues, y solo quedó uno allí para servirla.
Don Melchor quiso por él averiguar alguna cosa y comenzó á interrogarle.
—Hombre, supuesto que estamos solos, decirme podras, ¿con qué objeto se me ha traido aquí, qué se pretende conmigo?
—Nada sé, señor.
—¡Cómo! ¿Pues qué órdenes has recibido?
—Solo servir á su señoría en cuanto pida y necesite.
—¿Pero quién te ha dado esas órdenes?