—Sí, una dama que le acompañaba.
—¿Y qué dama era esa?
—Debe ser de la familia, aunque apenas pudimos verla, porque venia enferma y acostada dentro de un carro.
—¿Y qué hicisteis?
—Como supusimos que era de la familia, y no criada, ni esclava, ni cosa así, por no disgustar á su señoría el señor Don Melchor, la hemos puesto en su mismo alojamiento.
—¿Y qué dijo él sobre esto?
—Nada absolutamente.
El licenciado se puso á reflexionar, que Don Melchor ni tenia familia, ni era posible que viniendo á buscar á Luisa, hubiera traido consigo una muger: esta debia sor alguna enferma que venia sin duda á curarse á México, y habia aprovechado la marcha de Don Melchor para tener mas seguridad en el camino; esta idea le pareció muy acertada y se fijó en ella.
—Todo ha estado muy bien—dijo—volved inmediatamente, y decid de órden mia, que se siga reteniendo á Don Melchor, tratándole con toda especie de consideraciones; y sobre todo que nada sepa de la causa de su detencion, ni que conozco á nadie, ¿lo entendeis?
—Sí Excelentísimo señor—¿y la dama?