—Si quiere permanecer allí que permanezca, pero si por causa de su salud, pretende seguir su viaje no se lo estorbeis, que nada tiene ella que ver en todo esto; sin embargo, cuidad de que tampoco ella comprenda lo que pasa.
—Muy bien, Excelentísimo señor.
El hombre montó á caballo y partió en la misma noche.
Al dia siguiente el licenciado Vergara despachaba en la Audiencia, y al medio dia se le presentó el alcalde con el rostro triste y compunjido.
—¿Qué nos dice de nuevo el señor alcalde?—dijo el licenciado.
—Traigo malas noticias á S. E.
—¿Malas noticias? ¿Qué ha ocurrido?
—Sabrá V. E. que al conducirse á la Santa Inquisicion, de órden de V. E. la señora que estaba presa en la cárcel de ciudad, fue quitada á los alguaciles por un negro.
—Lo sé, pero supongo que debe haber sido reaprehendida, porque un hombre á pié, y cargado con una muger, como se me refirió que iba, puede muy pronto ser alcanzado.
—Lo fué en efecto aunque no con mucha facilidad, porque el negro corria como un venado y tenia la resistencia de un toro.