—Aun nó vuelven los compañeros.

—¿Podré esperarme hasta saber el resultado?

—No es posible.

—Pues vamos.

Don Melchor montó á caballo, y se puso á caminar en la direccion que le dijeron que estaba México.

XX.
Adonde fué á dar Blanca y lo que allí le aconteció, y de lo que pasó á Don Melchor en México.

AL salir de la hacienda la camilla en que llevaban á Blanca, la vieja guió en direccion del Norte; pero apenas perdió de vista la casa se salieron del camino y contramarcharon tomando un rumbo tan enteramente diverso, que vinieron á resultar á poco al Sur de donde habian partido: esta precaucion les salvó. Los jinetes que salieron en su persecucion se dirijieron por el mismo camino que les habian visto tomar, y á medida que en él mas se avanzaban, mas lejos se ponian de los fugitivos.

Cruzando por veredas casi intransitables, y por medio de bosques desiertos, Blanca llegó al anochecer á una pequeña casa que estaba situada en la hondonada de un barranco, y á la cual era preciso tener mucho conocimiento en el terreno para llegar.

—Vamos—dijo la vieja—ya aquí estais en completa seguridad, aquí nadie os buscará, ni aun cuando os buscaran os encontrarian; para llegar hasta aquí no hay mas camino que el que hemos traido, y creo que no es de lo mas fácil encontrarlo; á esta casa traigo yo á curar á algunos enfermos y heridos que necesitan secreto, ahora solo tengo aquí un negro que ese vino caído del cielo y yo no le traje.

—¿Cómo caído del cielo?