Doña Blanca quedó á solas con Teodoro y le refirió cuanto le habia pasado, sin poder entre ambos esplicarse todo lo que aquello significaba.
La vieja sin duda tenia relaciones con toda la gente perdida, porque en la noche dos ó tres veces llegaron algunos hombres á darle recados y á recibir de ella frascos y yerbas que indudablemente eran remedios; y aun llegó á pasar por allí una partida de hombres á caballo que sin disputa podia asegurarse que no eran tropas del rey, porque departieron un rato con la vieja y se fueron luego.
En otras circunstancias todo esto hubiera espantado á Blanca, pero habia pasado por tantas peripecias, que ya todo le parecia indiferente; sentia además, cierta confianza por encontrarse tan cerca de Teodoro, en quien veia una especie de protector á pesar del estado de postracion en que él se encontraba.
Aquella noche la vieja curó cuidadosamente á Doña Blanca.
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Don Melchor Perez de Varais tomó la direccion que le indicaron, y á pocas horas comenzó ya á descubrir á lo lejos el caserío de México, sus arboledas y las torres y cúpulas de sus iglesias, que aunque no eran en tanto número como hoy, pero ya indicaban una ciudad poblada y religiosa.
Don Melchor tenia, como todos los alcaldes mayores de aquellos tiempos, una casa dispuesta siempre en la ciudad para recibirlo. Todos eran una especie de señores feudales, que hacian grandes gastos y vivian con toda especie de comodidades, sosteniendo la servidumbre de dos ó tres casas distintas que tenian en diversos puntos de la Nueva España.
Don Melchor, merced á la proteccion de la Audiencia que le habia concedido ser á la vez alcalde mayor de Metepec y Corregidor de México, estaba muy rico, y en su casa de Metepec y en la de México no solo estaba siempre lista la servidumbre, sino que se servia la comida á las horas de costumbre como si él estuviera presente, y en algunas veces por medio de cartas invitaba á algunos amigos para que fuesen á comer á su casa, encargando á uno de ellos que hiciese en su nombre los honores á los convidados.
Tales eran las fastuosas costumbres de aquellos personajes, á quienes tan poco trabajo costaba reunir grandes riquezas.