—Si no le disgusta á usía, me tomaré la licencia de acompañarle.

—No cabe disgusto en lo que causa satisfaccion: acompañadme.

Teodoro alzó su carga y los cinco llegaron á la casa del Oidor.

—Ahora, señor Bachiller, dijo el Oidor, tócame mi turno de ofreceros en esta noche la hospitalidad que á tales horas, témome que no encontreis abierta vuestra habitacion.

—De grado acepto—contestó Martin—y no temo incomodar á su señoría, porque algunas cosas tengo que poder comunicarle.

—Pues pasad.

—Permítame usía despedir á este compañero.

El Bachiller habló algunas palabras con el embozado que le acompañaba, y éste se retiró, haciendo una profunda carabana al Oidor.

El negro habia permanecido firme cargando á su hombre.

Cuando estuvieron dentro ya de la casa y cerrado el zaguan, el Bachiller dirigiéndose al herido, dijo: