—Bien, pero como vos me escribisteis tenerla ya en vuestro poder..........

—Así se habia acordado, pero supuso el señor inquisidor que siendo ya el lance tan público, hubiera sido dar pábulo á la curiosidad haberla sacado del Santo Oficio, mientras vos no estuvierais aquí para recojerla.........

—¿Y cuándo podré ir por ella?

—Ahora mismo, y porque veais qué empeño tengo en este negocio, quiero acompañaros yo mismo, aunque suspenda por ahora el acuerdo: ¿habeis venido en vuestra carrosa?

—En el patio me espera.

—Bien, vamos.

Tomó el licenciado su sombrero y bajó en compañía de Don Melchor, montaron en la carrosa y se dirijieron á la inquisicion.

El inquisidor mayor, prevenido por Don Pedro de Vergara, esperaba ya la visita y les recibió con mucha ceremonia.

—Verdaderamente—dijo—me apena la desgracia del Señor Don Melchor Perez de Varais, y espero que Su Divina Majestad dará á su esposa el alivio, y á él el consuelo que tanto necesitan.

—Y solo de Él le espero—contestó Don Melchor—que cosas hay que parecen no tener remedio sobre la tierra.