—Caras vemos, que corazones no conocemos.

—La verdad que me gusta la criatura como un dulce.

—Está linda, y que aun no sana bien.

—¿Pues qué tenia?

—Estaba enferma porque la dieron tormento.

—¿En la cocina grande?

—No llameis así al Santo Oficio.

Con el rey y la inquisicion chiton, ¿es verdad? Bueno, ¿y cómo salió?

—Fugose.

—¿Fugose? pues cada vez me conviene mas. Oid Bárbara y hablemos como amigos: ¿cuánto quereis por esa moza?