—¿La vendo acaso? ¿ó creis que tenga comercio de eso?

—Vamos, y no os vengais haciendo de las nuevas conmigo, que no habreis olvidado, que en cien pesos me vendisteis aquella vuestra criada india.........

—Ah, pero esa era una india, y esta.........

—Será, mas española que una vireina; pero todo lo hace el precio, por aquella dí cien, y por ésta doscientos.

—No puedo, es de responsabilidad.

—Vaya trescientos.

—Cómo, ¿y si lo saben?

—Cuatrocientos.

—Ella quizá no quiera.

—Por último, quinientos duros y lo arreglais todo.