—Venid.

—Hasta mañana.

Guzman se despidió y Bárbara se entro á meditar su plan.

A la mañana del otro dia la vieja comenzó á preparar á Doña Blanca.

—Hija mia—la dijo—¿pensais permanecer aquí toda vuestra vida?

—Por Dios, señora, ¿ya os enfadé?

—Por el contrario hija, deseara veros siempre á mi lado; pero como os quiero de veras y sois tan jóven, me causais lástima, aquí remontada como yo que soy una vieja.

—Pero ¿qué he de hacer?

—Algun hombre podria amaros y sacaros de aquí y llevaros muy lejos, donde nadie os conociera, donde de nada tuviérais que temer.

—Hacedme favor, señora, de no hablarme de eso jamás, si es que no deseais que me vaya, aunque me aprehenda la justicia.