—Es medicina, hija, es medicina.

Doña Blanca sintió que comenzaba á faltarle la voz—La vieja salió de la casa, y con un silbato de barro dió dos silbidos agudísimos.

Se oyó entonces el ruido de un caballo que se acercaba, y luego la voz de un hombre que decia á Bárbara:

—¿Ya está?

—¿A dónde está primero el dinero?

—Tomadlo, y en oro.

—Bien.

—¿Está privada, ó va con su voluntad?

—Ni uno ni otro.

—¿Pues qué hay entonces?