Una ráfaga de viento apagó la luz que llevaba la vieja. Doña Blanca no vió mas, pero sintió que pasaba á otros brazos.
—Horrible está la noche señora Bárbara.
—Témome que os vayais á caer por ahí.
—Conocemos muy bien el camino de nuestra casa.
—Pero vais á llegar como una sopa.
—No le hace, ya me pagará esta buena moza estos trabajos.
El hombre soltó una carcajada.
—Y muy pronto—contestó riéndose tambien Bárbara.
—Puede que antes de que amanezca; ya nos vamos.
—¿Estais listos?