¿Qué iba ella haciendo, en medio de aquella noche tan horrorosa? ¿Quién la llevaba? ¿A dónde se dirijian?

El movimiento del caballo la molestaba mucho, quiso hablar, no le fué posible, quiso alzar un brazo, y tampoco.

Seguía lloviendo: de repente el guía se detuvo.

—¿Qué sucede? preguntó Guzman con impaciencia.

—Que creo que hemos estraviado el camino.

—¡Maldita sea mi suerte!—gritó Guzman acompañando estas palabras con horribles juramentos, que hicieron estremecer de pavor á Doña Blanca—á ver, baja de tu caballo, reconoce el terreno, mas de tres años hace que andas conmigo por aquí.........

El hombre bajó del caballo, y procuró adivinar el camino.

—¿No encuentras nada?

—No, señor.

—¡Maldita sea tu raza! ven acá á tenerme á esta muger mientras yo reconozco en donde estamos; cuidado que te se vaya á caer, porque á tí y á ella os arrojo á la barranca.