—¿Nada? ¡ya verás maldecido!

Volvió á subir Guzman á la grupa del caballo en que estaba Blanca, y continuaron caminando.

Doña Blanca comenzó á quejarse.

—¿Qué tienes, mi vida?—dijo Guzman acariciándole el rostro.

Doña Blanca hubiera deseado morir antes que continuar en aquella situacion, pero por fin su voluntad comenzó á ser obedecida por sus miembros, y pudo levantar ya un brazo para apartar de su rostro la mano de Guzman.

—¿Te haces la desdeñosa?—pues toma, dijo Guzman—y plantó sus labios sobre la boca de Doña Blanca.

Blanca quiso gritar, y gritó.

Comenzaba á salir de su estado de inmovilidad y de mutismo.

Era ya la mañana, la tempestad habia cesado, y la luz bañaba toda la montaña, cuando llegaron al rancho de Guzman.

XXII.
En que se sabe lo que habia sido de Martin y de Don Cesar.