—De veras que eres linda—la dijo—¿y quieres que mirándote esa garganta y esos hombros te dejara ir cómo tú te lo supones?

Doña Blanca se cubrió precipitadamente, pero ya no era tiempo.

—¿Para qué te tapas?—dijo Guzman queriendo quitarle el manto—¿para qué te tapas? ven acá, comenzaré por darte un beso.

Y estendió su mano para acariciarla.

Doña Blanca se retiró violentamente y volvió el rostro como buscando amparo, pero estaba sola, completamente sola; no se oia mas ruido que el rumor del viento entre la fronda y los ecos del torrente que se despeñaba en las profundidades de la barranca de «la Monja Maldita.»

Guzman se paró vacilante: sus facciones anunciaban que habia llegado á un estado temible de embriaguez.

Doña Blanca al verle en aquella situacion perdió toda esperanza.

Doña Blanca retrocediendo se encontró detenida por un árbol, y Guzman pudo asirla de la falda.

—¿A dónde vas? ¿á dónde vas?—balbutia aquel hombre, ven acá, si hoy vas á ser mia.

—¡Por Dios dejadme! ¡por Dios! por vuestra madre, por lo que mas ameis en el mundo.........