—Al diablo—dijo la Sarmiento, haciendo una especie de reverencia.

El Bachiller vaciló:

—¿Qué hay?—dijo la bruja.

—Pues lo juro al diablo.

La vieja tiró de una reata que pendia del techo, y se oyó un rumor como el que produce un carro que rueda en un empedrado.

—¿Qué es eso? preguntó Martin.

—Vuestro juramento ha sido recibido.

A pesar de su valor y de su esceptisismo, Martin se estremeció.

—Vamos—dijo.

—Vamos.