Subieron la escalera del caracol y se encontraron en la casa.
Con los sordo-mudos habia un nuevo personaje.
Era un hombre de la raza indígena pura, con su tez cobriza, su pelo negro y lacio, sin barba, y con un escaso bigote.
Vestia una ropilla ordinaria de velludo, con calzon de escudero y unas medias calzas de venado: estaba envuelto en un tabardo gris y conservaba en su cabeza un sombrero de anchas alas.
Al sentirse en otra atmósfera, el Bachiller recobró su sangre fria y le pareció como que todo no habia sido sino una pesadilla.
—Ahuizote—dijo al recien venido—creía que tenias aventura esta noche.
—Sí—contestó el Ahuizote—un riquillo que queria que lo acompañáramos á sacarnos una muchacha, pero le entró miedo y se arrepintió.
—¿Y podrás acompañarme?
—¿A dónde?
—Vamos á impedir que asesinen á un amigo mio.