—Te ayudaré—dijo el Ahuizote, parándose.—¿Quién es él?
—Don Fernando de Quesada—el Oidor.
—No voy—dijo sentándose otra vez el Ahuizote: yo no defiendo gachupines.
—Es un amigo.........
—Aunque.
—Bien, no vayas; pero recuerda que no es él quien te pide compañía, sino yo. Quedad con Dios, señora Sarmiento.
—Él guie á su merced, señor Bachiller.
Martin abrió la puerta.
—Oye—dijo el Ahuizote.
—¿Qué cosa?