—No te disculpes.
—Bien, señor, ¡soy tan pobre!
—¿Conque te encargas de llevarla esta misma noche a la villa?
—Te lo prometo a fe de Juffep Aben-Ahlamar —contestó el físico del rey, guardando al mismo tiempo por entre los pliegues de su ancho y largo ropón de seda morada, la bolsa que le diera el desconocido.
A poco de esto, quedó la Plaza mayor de Burgos solitaria.
II.
A siete leguas de Burgos encuéntrase la villa de Castrojeriz, uno de los pueblos más principales de la provincia, tanto en los tiempos a que nos referimos como en los presentes. Sus fértiles praderas, bañadas por los ríos Odra y Garbanzuela, y sus abundosos y espesos montes, ricos de todo género de caza, habían merecido la predilección del joven rey de Castilla don Fernando. Y en efecto, en este delicioso lugar, de acuerdo con su tío el infante don Juan y el conde de Lara, uno de los grandes más poderosos de aquella época, dispuso invertir, entregado a su diversión favorita, los cuatro días de término otorgados por la reina madre.