—¿Pues no deseabais que yo quisiera al rey en vez del conde de Haro?
—Efectivamente, lo deseaba por ti; pero por ventura...
—Sí —repuso la gitana riéndose estrepitosamente al ver la perplejidad del judío.
—¿Cómo os conoció, querida?
—Porque se me cayó el antifaz.
—¡Loado sea el Dios de Israel!... ¿Lo veis, hija mía, cómo está escrito...?
—Eh, teneos, teneos, señor mío, que me lo dejé yo caer a propósito.
El judío se mordió los labios. Sin embargo, repuso, acariciando a la hermosa amante de don Fernando:
—¿Y estáis contenta?
—Sí, mucho...