—¿Pudiérais hacer por que yo penetrase en la morada de doña Beatriz?

—¡Imposible..., imposible! Antes me dejo matar. Si yo por una casualidad revelase el lugar donde el conde tiene a la de Robledo, ¡oh, de seguro me costaba la vida!

—Es que yo, a más de guardar eternamente silencio, te recompensaría bien.

—Nada quiero, amable Piedad.

—¡Aben-Ahlamar!

—Perdona, hija mía, pero no puedo faltar al juramento que he hecho.

—Pues tened en cuenta, Juffep, que soy la favorita de uno de los monarcas más grandes y poderosos de la tierra.

—¿Qué queréis decir con eso?

—Quiero decir que todo lo puedo, y que si no accedes...

—¡No me comprometas, querida mía! ¿Y si don Lope llega a saber que te he vendido su secreto?