—¿Por qué me has llamado tan pronto?

—Porque he recibido aviso del conde, que viene al instante a hacer una visita.

—¿Don Lope?

—Eso es, el conde de Haro —repuso Juffep con socarronería.

—Pues el conde, señor mío, no entrará en la estancia de doña Beatriz.

—¿Quién se lo impedirá? —replicó el alquimista con ironía.

—Vos.

—¡Yo!, cuerpo de Cristo, y qué bromas tan pesadas tienes, querida. Sabes —repuso con malicia— que desde que eres la favorita del rey estás un poco altanera y...

Piedad se sonrió amargamente.

—Escuchad lo que tenéis que hacer.