Allí vivía el judío Aben-Ahlamar.
CAPÍTULO XIV.
Que no tiene epígrafe porque es continuación del XIII.
—Bien venido seáis, señor —dijo Aben-Ahlamar conduciendo al caballero a su poltrona—. ¿En qué tenéis que ocuparme?
—Tomad ese escrito, y decidme su contenido en lenguaje que entienda todo cristiano.
El nigromántico se sonrió y dijo al caballero, cogiendo el pergamino y leyéndolo con la mayor facilidad:
—Atended: «Don Juan, si queréis complacer a una persona que bien os quiere, no faltéis esta tarde a la arboleda que hay al pie del alcázar real». Ya estáis servido, señor —repuso el judío devolviendo el pergamino a Carvajal.