—Beatriz..., ¿qué sabes de Beatriz? ¿Es cierto que se ha casado? ¿Es cierto cuanto se dice de ella?

—Todo, todo es cierto.

—¿Conque ya tengo que perder toda esperanza?

—No toda, señor...

—¿No toda? Pues qué, brujo de los demonios, ¿crees tú que Beatriz me amará después de casada con el hombre a quien tanto ha querido y quiere?

—No, ciertamente, gran conde; pero si él muere, puedes tener alguna esperanza.

—Si él muere. Aben-Ahlamar, si él muere...

—Cosa muy fácil, y no nada extraña. ¿No va a la guerra?

—Sí, va; pero ¿y si no muere?

—Si no muere a manos de un moro, puede morir a manos de un cristiano. De todos modos, el resultado será que venga a morir en la guerra.