—Piedad deseaba vengarse de vos, por lo que sabéis. Para el efecto, pidió al rey que firmase esa sentencia. Don Fernando, además de hacerlo, como veis, le empeñó su palabra real de que el asesino del señor de Benavides sufriría irremisiblemente la última pena, aun cuando perteneciese a la clase más elevada. La gitana se vengaba de vos completamente con solo escribir vuestro nombre en ese hueco. Esto bastaba para que subiese al cadalso el poderoso y preclaro conde de Haro; pero afortunadamente yo me he podido hacer con ese documento, y estáis libre. Y con esto, señor, te doy lo que te ofrecí antes de salir de Burgos. ¿Recuerdas?

—¡Oh, Aben-Ahlamar! —exclamó el conde, alargando su diestra al judío con el mayor afecto—. Tu fidelidad y tus buenas prendas te hacen digno de una recompensa que yo ciertamente no te puedo dar, porque ni mis títulos, ni mis riquezas, ni todo cuanto poseo es suficiente para pagarte el gran servicio que acabo de recibir de ti. Sin embargo, todo el dinero que tengo en mis arcas es tuyo. Cuenta con él; te lo dice el conde de Haro.

—Señor...

—Dijiste que el rey juró a Piedad castigar con la última pena al matador de su gentil-home el de Benavides.

—Con efecto, su alteza dio a la gitana su real palabra de que el que llevase el nombre escrito en esa sentencia sería decapitado por asesino.

—¡Oh, esto es magnífico! Te aumento a lo ofrecido cien escudos más por la adquisición de tan precioso documento...

—¿No os dije, señor conde, que lo que tenía que daros era de tanta importancia como la adquisición de un hijo perdido?

—¡De tanta!... —repuso don Lope como dudando—: ¡de tanta importancia, Aben-Ahlamar! ¿Tú sabes lo que es un hijo?... ¡Ah, no hay cosa más divina!... Pero tienes razón —dijo, después de haber reflexionado un momento—; tienes razón, porque bien mirado, ¿no me va en ello la vida? Aben-Ahlamar, el conde de Haro sabrá pagar generosamente tanta fidelidad, tanta abnegación.

—Basta, por Dios, señor, tus palabras me confunden... y, francamente, no me creo digno de tantas alabanzas; porque yo no he hecho más que cumplir con mi deber. Tu esclavo supo que estabas amenazado, y...

—¿Cuándo llegará el rey a Martos? —dijo don Lope interrumpiendo al judío.