—Sin embargo, don Lope...
—Piedad me encargó también que os recordara la palabra que le disteis al firmar esa sentencia. Rey de Castilla, ¿qué respondéis? ¿Seréis capaz de no castigar a los matadores de Benavides? ¿Y la justicia, señor, y la justicia...?
Dejándose llevar el rey de su carácter irascible, y no pudiéndose contener en la saña (como dice Mariana), exclamó con los ojos encendidos y trémulo de cólera:
—Llevad, conde de Haro, llevad ese pergamino al justicia del pueblo, y decidle en mi nombre que cumpla inmediatamente lo que en él se manda.
El conde de Haro salió de la estancia real loco de alegría y diciendo para sus adentros: «Beatriz, esta vez serás mía».
Media hora después de lo que acabamos de referir reducían a prisión, en nombre del rey y de la ley, a los dos hermanos Carvajales.
CAPÍTULO XXIV.
En el que se ve que el conde de Haro, ayudado sin duda por el demonio, se salió con la suya.