—Eso es precisamente.

—¡Y ordenando al justicia mayor y demás autoridades que no estorben de manera alguna mi marcha!

—Sí.

—¡Cuerpo de Cristo!, si yo no pienso salir por ahora de Burgos —dijo el infante con aire risueño.

—Es que si no salís, os cortarán la cabeza como a un malhechor.

—¡A mí!

—Sí, a vos.

—¿Y por mandado de quién? —replicó don Juan con ironía.

—Por orden de su alteza el rey. ¿Habéis olvidado ya el último desaguisado que le hicisteis en el sitio de Algeciras?

—¡Don Lope!