—Dime —continuó la gitana—, ¿no me indicaste hace poco que mañana se reunía la corte con no sé qué motivo?
—Cierto, eso te he dicho.
—¿Estará el conde de Haro?
—Es muy probable.
—¡Oh, Dios lo haga, para que se efectúe mi venganza!
—¿Piensas presentarte al rey delante de él?
—Pienso...
Dos golpes dados en la puerta interrumpieron a la gitana. Esta se escondió al instante en el mismo paraje donde había permanecido oculta durante la visita del conde de Haro. Después de esto, dejó Aben-Ahlamar la entrada libre a don Juan Alonso Carvajal. El caballero preguntó al judío con melancolía:
—¿No habéis descubierto nada?
—Nada hasta ahora. Pero descuidad que no dejaré de consultar a los astros hasta que indague el paradero y situación de tu infeliz amante.