Doña Beatriz y el conde de Haro
—Pues entonces ya sabéis mi determinación, señora; o vuestra mano, o su muerte.
—¡Cielos!...
—Si queréis que viva ese hombre, para mí tan odioso, y por quien tanto padezco, sed mía, doña Beatriz; consentid en que os llamen condesa de Haro.
—¡Antes morir!
—No moriréis vos antes que él, yo os lo ofrezco; porque dentro de poco veréis sobre esa mesa la cabeza de vuestro amante.
—¡Callad, callad!...
—Y después...
—Callad, callad, y...